Todos los días existe una razón para quejarse. No importa si es el tráfico, el trabajo un problema familiar o existencial, cada día hay una, dos o más cosas que nos hacen quejarnos. Nos hacen emitir nuestra opinión frustrada y/o enojada respecto a lo mal que están las cosas o cómo podrían ser mejor.
Quejarse no es exactamente lo que las personas optimistas harían. O lo que las personas pacientes harían. Esas personas aceptarían las cosas y harían lo mejor posible con lo que hay. Para ellos quejarse no es lo indicado.
Pero en las palabras de Bart Simpson: “No es correcto, pero descansa el alma”.
El punto es que, aunque eventualmente aceptemos las cosas y hagamos lo mejor posible con lo que hay, a mi parecer es hasta saludable quejarse. Sacar a relucir la frustración con lo que sea que nos está molestando. Ya sea el mundo exterior o el interior.



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